sábado, 28 de diciembre de 2013

AMOR: A veces, basta una pizquilla para que se desate una oleada de sabor.

Ya hiciste la prueba con un muffin.... a que no.... Bueno, compra uno en Sweet & Coffee... pero el detalle está en dar amor.

Si tu mejor forma de demostrarlo, no es justamente la cocina, te reto a que lo intentes con algún platillo que a tí te guste aunque jamás hayas intentado prepararlo. Así será fácil, porque tendrás lo esencial para hacerlo en el paladar: EL SABOR PERFECTO.

Hay varios lenguajes en el mundo. Hablamos español, inglés, francés, mandarín, chino, taka taka, ñeñe ñeñe, bla bla bla..... Si conoces a una persona extranjera, o nativa que por ejemplo, hable quechua y naaada más.... y te prendas al instante de ese ser, ¿qué harías? No podrías decirle que lo/la invitas a tomar un helado, porque no hablas su idioma... que pena.

¡Patrañas! Hasta te compras la última edición de un diccionario bilingue o acudes a San Google Traductor para aprender a decirle "qué ojos tan bonitos tiene". Pero, si todo marcha viento en popa, si llegas a formalizar una relación con esa persona que habla otro idioma diferente al natal tuyo, entonces comenzarás a exigir que esa persona aprenda tu idioma natal. Y olvidarás aprender más del idioma de esa persona.

Ese es el resumen del "enamoramiento".

Pero... el amor es "la decisión de hacer feliz a esa persona". Si es así, como lo leemos en las románticas novelas de bolsillo o como vemos en los culebrones televisivos, y decides hacer feliz a esa persona de habla distinta a la tuya, ¿no deberías aprender cada día, una nueva expresión en ese idioma diferente?

Amar es aprender día a día el lenguaje de amor que habla esa persona, abandonando el tuyo propio. Créeme, la recompensa será magnífica.

Y tú, ¿Ya averiguaste el idioma en que hablan "amor" los que te rodean? Empieza por tus padres, tus hermanos, y por qué no, tu esposo/a... nunca es tarde para empezar a ser feliz, haciendo felices a los demás.

Si a esa persona especial le gusta comer cositas ricas... prueba a experimentar una de esas recetillas con un ingrediente secreto: AMOR. A veces, basta una pizquilla para que se desate una oleada de sabor.

Bendiciones.

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